26 de octubre de 2026

El BCE entre la presión de la inflación y el endurecimiento de los mercados

Fondos de Inversión

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[Comentario Germán García Mellado]

La próxima reunión del Banco Central Europeo, prevista para el 29 de octubre, llega en un contexto marcado por la persistencia de las presiones inflacionistas y el endurecimiento de las condiciones financieras. A pesar del repunte de los precios energéticos, no esperamos que el BCE modifique los tipos de interés y creemos que mantendrá la facilidad de depósito en el 2,50%.

Desde la última reunión de septiembre, la economía europea ha seguido mostrando cierta resiliencia, mientras que la inflación general alcanzó el 3,8% interanual, impulsada principalmente por la energía, cuyos precios aumentaron un 19%. Por su parte, la inflación subyacente permanece mucho más contenida, en el 2,5%.

Aunque el petróleo Brent supera los 100 dólares por barril y el encarecimiento del gas mantiene elevados los riesgos inflacionistas, todavía no observamos efectos de segunda ronda significativos, es decir, un traslado generalizado del shock energético a los salarios y al conjunto de precios. Además, las expectativas de inflación a largo plazo continúan relativamente ancladas, con el swap de inflación a cinco años dentro de cinco años en torno al 2,1%. Todo ello reduce la urgencia de nuevas subidas de tipos, especialmente cuando el origen de las presiones sigue siendo fundamentalmente un shock de oferta.

Sin embargo, el principal argumento a favor de una pausa se encuentra en el comportamiento reciente de los mercados financieros. El importante repunte de las rentabilidades de la deuda soberana europea, acompañado de una ampliación de los diferenciales de crédito corporativo, está endureciendo las condiciones de financiación de gobiernos y empresas. En cierta medida, los mercados ya están haciendo parte del trabajo del BCE, elevando los costes de financiación y moderando potencialmente la demanda sin necesidad de nuevas subidas de los tipos oficiales.

Las últimas declaraciones de distintos miembros del Consejo de Gobierno parecen reconocer esta realidad, insistiendo en la necesidad de una respuesta gradual y proporcionada. Además, la reunión de octubre no contará con nuevas proyecciones macroeconómicas, que se actualizarán en diciembre. Consideramos, por tanto, que el BCE tiene incentivos para ganar tiempo y evaluar tanto la persistencia del shock energético como sus efectos sobre la actividad económica.

Otro de los focos de atención será Francia, donde el deterioro fiscal y la incertidumbre política han llevado el diferencial de su deuda frente a Alemania a superar los 170 puntos básicos, máximos desde 2011. El país mantiene un déficit primario cercano al 3% del PIB y afronta una trayectoria de deuda difícilmente sostenible sin un ajuste fiscal creíble. En este contexto, creemos que Lagarde diferenciará entre un incremento de las primas de riesgo justificado por los fundamentales y episodios de fragmentación financiera que puedan comprometer la transmisión monetaria. El BCE dispone de herramientas para afrontar estos últimos, pero no debería sustituir la disciplina fiscal de los gobiernos.

Más allá de los tipos, también podría abordarse la revisión del marco operativo de liquidez, incluida la posibilidad de elevar del 1% al 2% el coeficiente de reservas mínimas obligatorias (MRR) de los bancos. Una medida de este tipo inmovilizaría aproximadamente 175.000 millones de euros adicionales, acelerando la reducción de la liquidez excedentaria del sistema y suponiendo un nuevo factor a considerar en unas condiciones financieras ya exigentes.

Por último, la reunión podría estar marcada por las preguntas sobre la futura composición de la cúpula del BCE. A la salida de Isabel Schnabel en enero de 2027 y la finalización del mandato de Philip Lane en mayo se suma la incertidumbre sobre una posible marcha anticipada de Christine Lagarde, cuyo mandato concluye en octubre de 2027. La coincidencia de estos relevos abre la puerta a una negociación conjunta entre los principales países europeos, con posibles implicaciones para la orientación futura de la política monetaria.

En definitiva, creemos que el BCE mantendrá una postura prudente, dependiente de los datos y sin comprometer futuras decisiones. Aunque los riesgos inflacionistas persisten, el endurecimiento de las condiciones financieras supone ya una restricción adicional. Mientras no aparezcan efectos de segunda ronda significativos, consideramos que existen más argumentos para mantener los tipos estables que para acometer una nueva subida en octubre.

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