3 de marzo de 2026

Renta fija ante la escalada en Oriente Medio: inflación, curvas y crédito

Fondos de Inversión

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[Comentario de Germán García Mellado]

La intensificación del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha devuelto el foco de los mercados a la energía y, por extensión, a la renta fija. El impacto macroeconómico dependerá de la duración de la crisis y, sobre todo, de su efecto sobre el petróleo. Un escenario acotado podría llevar el brent en torno a los 80 dólares por barril; pero una disrupción prolongada —especialmente si afecta al suministro iraní o al tránsito por el Estrecho de Ormuz, por donde circula entre el 20% y el 30% del crudo y del GNL mundial— podría impulsar los precios hacia 100 dólares.

El canal de transmisión a la renta fija es claro: más inflación. Un aumento sostenido hasta 100 dólares añadiría presión inflacionista adicional en economías desarrolladas. En un contexto en el que los precios ya se sitúan por encima del objetivo de los bancos centrales, el riesgo es un escenario de estanflación moderada: menor crecimiento por el encarecimiento energético y las disrupciones logísticas, junto con mayores presiones inflacionistas.

Para los bancos centrales, este entorno complica el proceso de normalización. La Reserva Federal vería reducido su margen para aplicar nuevos recortes si repuntan las expectativas de inflación, mientras que el Banco Central Europeo podría optar por prolongar una pausa e incluso endurecer su tono si el shock energético se consolida.

En las curvas soberanas, el ajuste tendería a concentrarse en los tramos cortos, más sensibles a las expectativas de tipos oficiales. La revisión al alza de la senda de política monetaria presionaría las rentabilidades a dos y tres años, mientras que los vencimientos largos podrían verse contenidos por el deterioro de las perspectivas de crecimiento. El resultado probable sería un aplanamiento adicional de curvas. Además, los bonos soberanos podrían no ejercer plenamente su papel de activo refugio si el mercado descuenta retrasos en las bajadas de tipos.

En crédito, ya se observan ampliaciones iniciales de diferenciales, aunque todavía de forma ordenada. El riesgo no parece, por ahora, sistémico, pero la experiencia indica que los efectos de segunda ronda pueden emerger con retraso. Si el conflicto se prolonga o el cierre de Ormuz se consolida durante semanas, cabe esperar un ensanchamiento adicional de spreads.

La dispersión será clave. Sectores intensivos en energía, transporte o consumo discrecional podrían sufrir mayor presión, mientras que compañías vinculadas al sector energético podrían beneficiarse de mayores precios del crudo. Este entorno favorece la selección activa frente a una exposición pasiva al mercado.

En definitiva, la renta fija afronta un escenario de elevada incertidumbre, con riesgos asimétricos y visibilidad limitada. Ni la deuda soberana ni el crédito corporativo ofrecen refugios automáticos. En este contexto, resulta esencial adoptar estrategias de renta fija flexible, capaces de ajustar dinámicamente la duración, la exposición a curva y la calidad crediticia. La gestión activa y la capacidad de adaptación serán determinantes para navegar un entorno en el que inflación, crecimiento y geopolítica vuelven a entrelazarse de forma compleja.

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